Allá por el año 1984 llegó a la gran pantalla la película "Terminator". En ella hablaban de un mundo dominado por las máquinas a través de una red de inteligencia artificial llamada "Skynet". Los ciborg dominaban el mundo existente en el año 2029.
En 2014, de la mano de la empresa FeelCapital y procedente de USA, llegó a España el primer robo advisor. De momento, se trata de algoritmos diseñados a partir de árboles de decisión con alto grado de aprendizaje que realizan asesoramiento sobre inversiones financieras.
Su principal atractivo para prescindir de la intervención humana es la reducción de costes.
Algunas Fintech compiten directamente con el modelo tradicional de asesoramiento profesionalizado. La respuesta de la banca, que ve como la aplicación de MiFiD II exige una gran inversión y, por lo tanto, debe repercutir mayores costes de gestión a sus clientes de Banca Privada, es optar por un modelo híbrido en el que se balancea la mecanización de los robo advisors con el trato profesional y personalizado de los gestores.
Ante esta realidad, me pregunto qué será de mi profesión en el futuro próximo. Como sabéis, soy analista de Riesgo de crédito para empresas y, observo a mi alrededor, que las entidades bancarias tienen plantillas sobredimensionadas donde prima cada vez más la reducción de costes y la mejora de la eficiencia. En el mundo del riesgo de crédito para particulares, mi impresión es que será más fácil que lleguen los ciborg analistas, puesto que es más simple fijar una serie de parámetros para saber si un cliente particular es merecedor de crédito o no.
En el mundo del crédito a la empresa, creo que todavía tenemos cierto margen de maniobra porque hay aspectos cualitativos muy importantes que pesan en la toma de decisión para la concesión de crédito. Por este motivo, debemos hacer valer nuestra experiencia y esa intuición que nos valida como sistema experto. Es verdad que cada vez nos apoyamos más en variables como el rating o la pérdida esperada que se retroalimentan de algoritmos matemáticos; pero la aportación humana es importante para evitar que la morosidad, auténtico talón de Aquiles de los bancos. sea un caballo desbocado.
Sin duda, en una década, trabajaremos en un modelo híbrido en el que un número infinitamente menor de analistas junto a un ejército de robo advisors, decidan sobre la cartera crediticia de una entidad financiera.
En 2014, de la mano de la empresa FeelCapital y procedente de USA, llegó a España el primer robo advisor. De momento, se trata de algoritmos diseñados a partir de árboles de decisión con alto grado de aprendizaje que realizan asesoramiento sobre inversiones financieras.
Su principal atractivo para prescindir de la intervención humana es la reducción de costes.
Algunas Fintech compiten directamente con el modelo tradicional de asesoramiento profesionalizado. La respuesta de la banca, que ve como la aplicación de MiFiD II exige una gran inversión y, por lo tanto, debe repercutir mayores costes de gestión a sus clientes de Banca Privada, es optar por un modelo híbrido en el que se balancea la mecanización de los robo advisors con el trato profesional y personalizado de los gestores.
Ante esta realidad, me pregunto qué será de mi profesión en el futuro próximo. Como sabéis, soy analista de Riesgo de crédito para empresas y, observo a mi alrededor, que las entidades bancarias tienen plantillas sobredimensionadas donde prima cada vez más la reducción de costes y la mejora de la eficiencia. En el mundo del riesgo de crédito para particulares, mi impresión es que será más fácil que lleguen los ciborg analistas, puesto que es más simple fijar una serie de parámetros para saber si un cliente particular es merecedor de crédito o no.
En el mundo del crédito a la empresa, creo que todavía tenemos cierto margen de maniobra porque hay aspectos cualitativos muy importantes que pesan en la toma de decisión para la concesión de crédito. Por este motivo, debemos hacer valer nuestra experiencia y esa intuición que nos valida como sistema experto. Es verdad que cada vez nos apoyamos más en variables como el rating o la pérdida esperada que se retroalimentan de algoritmos matemáticos; pero la aportación humana es importante para evitar que la morosidad, auténtico talón de Aquiles de los bancos. sea un caballo desbocado.
Sin duda, en una década, trabajaremos en un modelo híbrido en el que un número infinitamente menor de analistas junto a un ejército de robo advisors, decidan sobre la cartera crediticia de una entidad financiera.
Buen post. Al igual que tu, estoy tremendamente convencido que el futuro residirá en un modelo híbrido entre la gestión automatizada y el gestor personal.
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