Las políticas financieras básicas en cualquier empresa son:
a) la política de inversión.
b) la política de financiación.
c) la política de retribución al capital.
En las tres debe estar presente el objetivo de creación de valor en la empresa.
Aunque la razón de ser de este blog está en dar claves que ayuden a alcanzar una óptima política de financiación, permítanme que haga un guiño a la política de retribución al accionista y, en concreto, a las acciones propias.
Este epígrafe del pasivo de una empresa que minora su patrimonio neto, tiene su interés. Además del pago de dividendos, los derechos de suscripción preferentes y reducción del nominal de las acciones, destacan los programas de recompra de acciones.
Cuando una compañía compra acciones propias puede hacer dos cosas:
a) mantenerlas en su activo como autocartera.
b) proceder a su amortización, lo que implica reducir capital y devolución del dinero a los accionistas.
En general, una empresa lleva a cabo una compra de acciones propias por razones financieras, de control, por estrategia jurídica o para solucionar conflictos internos.
En el caso de que la compra de acciones propias se realice para proceder a su amortización, la operación es, además, una forma de retribución a los accionistas con ventajas fiscales respecto al reparto de dividendos.
En cualquier caso, si la compra de acciones propias se realiza en un contexto de exceso de liquidez sin alternativas razonables de inversión por parte de la empresa, generará valor económico para la compañía.
Cuando una compañía compra acciones propias puede hacer dos cosas:
a) mantenerlas en su activo como autocartera.
b) proceder a su amortización, lo que implica reducir capital y devolución del dinero a los accionistas.
En general, una empresa lleva a cabo una compra de acciones propias por razones financieras, de control, por estrategia jurídica o para solucionar conflictos internos.
En el caso de que la compra de acciones propias se realice para proceder a su amortización, la operación es, además, una forma de retribución a los accionistas con ventajas fiscales respecto al reparto de dividendos.
En cualquier caso, si la compra de acciones propias se realiza en un contexto de exceso de liquidez sin alternativas razonables de inversión por parte de la empresa, generará valor económico para la compañía.
Fuente: Finanzas corporativas en la práctica. Prof. López Lubián. IE Business School.
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