Este post trata de poner en evidencia la importancia que tiene en la economía de un país la financiación concedida por empresas no financieras a otras empresas. Según la Central de Balances del Banco de España, representa el 90% del crédito total concedido en el sistema. Además, de media, la partida de clientes representa el 20% del activo total.
Según Pere Brachfield, en su libro "Vender a crédito y cobrar sin impagados" Ed. Profit, el crédito interempresarial es un fenómeno que adquiere mayor importancia día a día y supone un importante trasvase de recursos financieros entre empresas. El 70% de las transacciones comerciales entre empresas españolas se efectúan con pago aplazado.
Las empresas venden sus productos o servicios con la intención de obtener un margen comercial. La mayor parte de las compañías controlan el coste de producción y compra, minimizan los gastos de comercialización y distribución así como los de administración. Sin embargo, se olvidan de los costes más importantes: las pérdidas por insolvencias y el coste financiero de las ventas a crédito.
La gestión activa de los cobros es un principio de política financiera. No hay que olvidar lo que hemos comentado en post anteriores: la mejor magnitud para medir la riqueza de una empresa es el flujo de caja y no el beneficio contable. En este sentido, los impagados son como pérdidas de combustible que ralentizan la marcha de la empresa y los incobrables fugas de gasolina que hay que taponar para evitar que la empresa entre en suspensión de pagos.
Como bien dice el Sr. Brachfield, la gestión activa de los cobros permite que las empresas reciban un constante y abundante flujo de tesorería, dinero que puede reinvertir en su empresa sin tener que recurrir a la financiación externa.
La gestión de impagados es estratégica en una empresa y deberían dedicarse importantes recursos para su control y recobro. Las empresas deben ser conscientes de que los saldos de clientes son una partida que drena liquidez y, por lo tanto, deben minimizar los plazos de cobro y evidentemente los incobrables. Además suponen costes de administración, gestión y cobranza de los créditos a clientes y, como aspecto muy importante, existe un coste financiero por el propio valor del dinero que cambia en función del tiempo.
Comentar que una herramienta financiera muy útil para gestionar los créditos comerciales es el factoring, puesto que además de reducir costes de administración, en su versión sin recurso, presenta cobertura de insolvencias y no se considera deuda financiera de la empresa.
El denominado credit management busca evaluar y reducir el riesgo de crédito. La máxima es "nunca hay que poner todos los huevos en la misma cesta" y, a partir de ahí, desarrolla una serie de métodos para minimizar insolvencias.
Antes de poner el foco en los métodos a aplicar, conviene conocer una serie de conceptos. El primero de ellos es el ciclo de explotación o el tiempo que transcurre desde que ponemos el primer euro en comprar materias primas y recuperamos el dinero con el cobro de las ventas realizadas. El objetivo de todo bien Director Financiero es reducir el ciclo de caja para mejorar liquidez y rentabilidad. Una forma de minimizar este plazo es negociando con proveedores el aplazamiento de sus facturas a pagar puesto que la empresa obtendrá lo que se denomina financiación espontánea y sin coste financiero. Resulta útil calcular el ciclo de caja de una empresa porque nos permite conocer como financia su ciclo de explotación, bien a través del fondo de maniobra, bien con pasivos circulantes como líneas de crédito bancarias.
En próximos post indagaremos en la figura del credit manager.
Según Pere Brachfield, en su libro "Vender a crédito y cobrar sin impagados" Ed. Profit, el crédito interempresarial es un fenómeno que adquiere mayor importancia día a día y supone un importante trasvase de recursos financieros entre empresas. El 70% de las transacciones comerciales entre empresas españolas se efectúan con pago aplazado.
Las empresas venden sus productos o servicios con la intención de obtener un margen comercial. La mayor parte de las compañías controlan el coste de producción y compra, minimizan los gastos de comercialización y distribución así como los de administración. Sin embargo, se olvidan de los costes más importantes: las pérdidas por insolvencias y el coste financiero de las ventas a crédito.
La gestión activa de los cobros es un principio de política financiera. No hay que olvidar lo que hemos comentado en post anteriores: la mejor magnitud para medir la riqueza de una empresa es el flujo de caja y no el beneficio contable. En este sentido, los impagados son como pérdidas de combustible que ralentizan la marcha de la empresa y los incobrables fugas de gasolina que hay que taponar para evitar que la empresa entre en suspensión de pagos.
Como bien dice el Sr. Brachfield, la gestión activa de los cobros permite que las empresas reciban un constante y abundante flujo de tesorería, dinero que puede reinvertir en su empresa sin tener que recurrir a la financiación externa.
La gestión de impagados es estratégica en una empresa y deberían dedicarse importantes recursos para su control y recobro. Las empresas deben ser conscientes de que los saldos de clientes son una partida que drena liquidez y, por lo tanto, deben minimizar los plazos de cobro y evidentemente los incobrables. Además suponen costes de administración, gestión y cobranza de los créditos a clientes y, como aspecto muy importante, existe un coste financiero por el propio valor del dinero que cambia en función del tiempo.
Comentar que una herramienta financiera muy útil para gestionar los créditos comerciales es el factoring, puesto que además de reducir costes de administración, en su versión sin recurso, presenta cobertura de insolvencias y no se considera deuda financiera de la empresa.
El denominado credit management busca evaluar y reducir el riesgo de crédito. La máxima es "nunca hay que poner todos los huevos en la misma cesta" y, a partir de ahí, desarrolla una serie de métodos para minimizar insolvencias.
Antes de poner el foco en los métodos a aplicar, conviene conocer una serie de conceptos. El primero de ellos es el ciclo de explotación o el tiempo que transcurre desde que ponemos el primer euro en comprar materias primas y recuperamos el dinero con el cobro de las ventas realizadas. El objetivo de todo bien Director Financiero es reducir el ciclo de caja para mejorar liquidez y rentabilidad. Una forma de minimizar este plazo es negociando con proveedores el aplazamiento de sus facturas a pagar puesto que la empresa obtendrá lo que se denomina financiación espontánea y sin coste financiero. Resulta útil calcular el ciclo de caja de una empresa porque nos permite conocer como financia su ciclo de explotación, bien a través del fondo de maniobra, bien con pasivos circulantes como líneas de crédito bancarias.
En próximos post indagaremos en la figura del credit manager.
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